06/02/2018 – Las últimas semanas nos hemos concentrado en entender más a fondo la naturaleza de la mente, nuestra herramienta más poderosa, ahora quisiera que nos enfocaramos en experimentar lo aprendido. Si quisieras aprender un poco más sobre la impermanencia de los pensamientos y emociones, la diferencia entre el dolor y sufrimiento y el apego como causa de éste, haz click en mi nombre arriba del artículo y encuentra el resto de mis publicaciones. En las próximas semanas estaré compartiendo técnicas de Mindfulness fáciles, útiles y sobre todo rápidas que podremos introducir en nuestro día a día, regresando al ahora y encontrando esa fuente de tranquilidad y bienestar que existe dentro de cada uno de nosotros.

La primera técnica que me gustaría compartir involucra escuchar activamente el cuerpo. Se conoce como “mindful body” o “cuerpo consciente”. Para esto te recomiendo que tomes una postura cómoda, ya sea en una silla o en el piso con piernas cruzadas y mantén tu espalda erguida.

Lentamente cierra tus ojos y lleva tu atención a tu cuerpo. Siente cualquier sensación que venga de él, sin querer definir o encontrar una explicación. Suelta toda necesidad de intelectualizar la experiencia y simplemente escucha. Esta presente, tu y tu cuerpo. Escucha. Siente. Sumérgete en él. En su totalidad. En su presencia. Adueñate de él. De cada parte. De cada sensación. Sin más. Siente profundamente. Intenta escuchar a tu cuerpo por al menos 3 min y cuando hayas terminado, sin apresurarte abre tus ojos y siente los cambios en tu cuerpo y mente.

La segunda técnica que quiero compartir hoy involucra el sentido del oído. Se conoce como “mindful listening” o “escucha activa”. La idea es colocar toda nuestra atención en el sentido del oído, escuchar atentamente los sonidos dentro y fuera de nosotros, como manera de regresar al momento presente.

Así que de nuevo, toma una postura cómoda con la espalda recta y lentamente cierra tus ojos. Luego, deja que tu atención viaje a los oídos y permítete disfrutar de la melodía improvisada de los sonidos alrededor. Sin juzgar lo que escuchas de bonito o feo, simplemente escucha atentamente, descubre con cada respiración sonidos que antes no habías notado, sumérgete en la sutileza de cada sonido, de cada vibración. Conviértete en uno con lo que vives en ese momento, como si fuera el único momento que existe. Porque así es. Es el único momento que realmente existe.

La tercera y última técnica es una de mis favoritas ya que de cierta forma es muy intuitiva. Muchas veces, antes de tan siquiera conocer la meditación, recuerdo haberla usado como manera de calmarme. Esta técnica involucra que escuches más allá de los sonidos alrededor, que sientas más allá de las sensaciones en tu cuerpo y que lleves toda tu atención hacia tu interior.

Que te sumerjas en todo lo que eres, sin dudar, sin titubear y que disfrutes de ese ritmo intrínseco que es propio de cada uno de nosotros: nuestro ritmo cardíaco. Toma una postura cómoda con la espalda erguida y lleva tu atención a ese poom-poom, a esa melodía que es tan propia, a ese compás que lleva el ritmo de la danza de nuestra vida, nuestro corazón. Adentrate en esa sinfonía, presta atención a la música que crean junto con la respiración y en esos breves momentos, siente como cada parte dentro de ti danza, muy sutilmente, vibra y te invita y seduce a unirte profundamente al el momento presente.

Estas son 3 de mis técnicas favoritas para regresar al momento presente. Donde el pasado y el futuro simplemente no existen, donde podemos regresar a la simplicidad de la vida, de nuestra existencia, de este momento. Ahora es tu turno, cierra tus ojos, toma una postura cómoda y sorpréndete de la simplicidad de regresar al ahora.



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