12/05/2020 – Las actuales circunstancias frente a una pandemia mundial, ha traído a los hogares y empresas la necesidad de hacer una lista de compras y priorizar los gastos necesarios y evitar lo superfluo. Esto contribuye a la economía del hogar y también, a mejorar el uso de los recursos de las empresas. Para muchos podrá parecer que con ello ya es suficiente para lograr mejorar su presupuesto y alargar un poco más el dinero del que dispone.

Sin embargo, en el concepto de Consumo Responsable, como lo plantea la Economía Circular, abarca otros aspectos mucho más relevantes. El Consumo Responsable llega a la medula de los productos, sus componentes, materia prima de la que están elaborados, condiciones del personal que los fabrica, aspectos como el consumo de agua y energía eléctrica para su producción. Asimismo, incluye también los canales de distribución necesarios para que el consumidor final haga uso de ellos, pero no llega hasta allí, también se relaciona con el desperdicio y desechos que estos productos puedan generar.

¿Por qué estos aspectos son tan importantes?

Algunos productos serán elegidos por su precio bajo y porque aparentemente nos alimentan, o cumplen con su función. Sin embargo, muchos de ellos pueden haber sido elaborados con materiales dañinos para el medio ambiente, con personas que no perciben un salario o remuneración acorde a lo que realizan o en condiciones infrahumanas, con desperdicio de agua o contaminación de ríos y fuentes de agua, consumo excesivo de energía y combustibles fósiles.

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En el caso de los alimentos, podemos evitar los que incluyen componentes sintéticos que no nutren, o dañinos a la salud (bebidas carbonatadas y sintéticas). También, alimentos procesados con persevantes, harinas blancas y azucares y sales refinadas. Estos últimos contienen químicos para lograr ese aspecto, carnes y embutidos procesados con preservantes y colorantes que incluso pueden provocar cáncer, entre otros.

En el caso de la ropa, gran cantidad de ella está fabricada de plástico que aparece con diferentes nombres, como nylon, poliéster, espandex. En muchos casos, la ropa tiene mezcla de otras fibras como elásticos y químicos. Estos han sido agregados para mayor flexibilidad, pero que al final de su vida útil, se convierten en macropartículas plásticas que contaminan el medio ambiente. También su tiempo de vida útil es muchas veces muy corto, convirtiéndose el tema del vestuario en una de las industrias más contaminantes del planeta. Además, para nada ayudan a nuestra economía personal y familiar, pues al poco tiempo ya hay que sustituirla por una nueva.

Es así como vemos que un criterio de compra como el “precio bajo” no necesariamente reflejara un Consumo Responsable. Si llevamos a nuestros hogares o seguimos produciendo con elementos dañinos, las consecuencias para nuestros salud y la del planeta seguirán siendo negativas. En el correr del día a día, algunas veces resultará tedioso estar al tanto de todos estos detalles. Sin embargo, algo que es primordial de aquí en adelantes será cuidar de nuestra salud física, mental y económica.

¿Qué podemos hacer para mejorar nuestro consumo y redirigirnos hacia un consumo responsable?

Informarnos cuales son los componentes de lo que compramos.

  • En el caso de los alimentos: verificar que sus ingredientes no están asociados con enfermedades como en el caso del glutamato monosódico sintético, aceite de palma con sus diferentes nombres y que no es comestible, blanqueadores y químicos para refinar alimentos como la sal y el azúcar.
  • En el caso de la vestimenta: adquirir productos de más larga vida y no de dos o tres puestas, que puedan permanecer más tiempo en nuestro ajuar y que combinen con varias prendas para poder tener diferentes opciones de presentación.
  • Preferir los productos naturales a los sintéticos. Esto, sobre todo en el tema de nutrición, ya que estos proporcionan nutrientes, vitaminas, sales, azucares y minerales naturales que el cuerpo necesita sin necesidad de aditamentos químicos. Mantener una buena salud y un buen sistema inmunológico nos hace más resistentes a las enfermedades y una mayor capacidad para recuperarnos – Resiliencia.
  • Comprar productos que no conlleven gran cantidad de empaques, llevar por docena o por presentaciones más grandes y no al menudeo ya que esto representa más empaques y mas desperdicio y basura.
  • Preferir comprar a granel y llevar nuestros propios recipientes en la medida de lo posible, mejor si son de vidrio o material reutilizable previamente sanitizados.
  • Elegir de los productores locales más que de los productos importados en la medida de lo posible, mejor si son productos artesanales que guarden las debidas medidas higiénicas al ser producidos. De esta forma incentivar el comercia local, y disminuir la contaminación de diferentes formas.

En conclución:

Cambiar nuestras formas de consumo requiere de voluntad y tiempo para analizar los hábitos que ya tenemos arraigados. Sin embargo, el actual entorno nos está dando la oportunidad de recapacitar y hacer ese cambio que además nos permitiría tener una vida más saludable, mejor economía, productos frescos y conocer su procedencia, sin dejar a un lado los grandes beneficios ambientales que todo esto conlleva.

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