19/01/2020 – La tortuga gigante “Española” se consideró en algún momento imposible de salvar. Luego de décadas en declive, ya sólo quedaban un par de docenas en las islas Galápagos al final de la década de 1970, la mayoría de ellas, hembras. La extinción parecía inevitable, pues algunas habían pasado décadas sin encontrar otra tortuga macho.

Pero llegó Diego. A Diego lo enviaron en avión desde el Zoológico de San Diego en 1976. Él resultó ser una tortuga extremadamente activa sexualmente, llegando a engendrar más de 800 tortuguitas. Su esfuerzo ayudó considerablemente a su especie, conocida científicamente como Chelonoidis hoodensis, llevándola a casi 2,000 individuos. Su capacidad sexual también lo ha hecho una estrella de los periódicos científicos, ocupando portadas desde que se comunicó la noticia.

Ahora, la tortuga ya anciana, va a jubilarse. Los oficiales del Parque Nacional Galápagos anunciaron el viernes que el programa de reproducción fue tan exitoso, que decidieron concluirlo. Diego tiene hoy en día más de 100 años y será liberado del programa, para que regrese a su estado salvaje.

Su popularidad no se limitó a su propia especie: los turistas que llegaban a las Galápagos se sentían atraídos a él, también. A diferencia de la mayoría de tortugas, él no era huraño. A Diego si no se le veía apareándose, se le veía explorando los alrededores de su casa. Incluso, se les quedaba viendo a los visitantes; a veces, acercándose un poco.

Diego.

“No es sólo su nombre e historia,” dice uno de los repsonsables del lugar. “Él es una tortuga muy singular. Diego tiene una personalidad muy aventada, acentuada por su largo cuello amarillo. Él es una tortuga super sociable.”

Share Button
Etiquetas