11/10/2018 – Durante la última década, los apicultores han experimentado una perdida drástica en sus colonias de abejas, con un promedio de pérdida de abejas de más del 30 por ciento. Las causas oscilan desde la contaminación, la pérdida de hábitat, los alimentos transgénicos, a los virus transmitidos por parásitos.

Es en esta última causa que es posible se haya encontrado una solución. Los científicos descubrieron una forma de combatir los viruses y todo lo que tomó fue un poco de hongos y la visión de un hippie.

En 1984, Paul Stamets, el propietario de un comercio de hongos en el área de Washington, observó un “continuo convoy de abejas” que iban y venían hacia y desde los hongos que él se encontraba cosechando. Las abejas incluso movían trozos de madera para llegar hasta los hongos, rompiendo las fibras externas hasta llegar a el tejido interno del hongo.

“Yo podía verlas perfectamente succionar las gotitas que salían de los micelios,” le dijo al Seattle Times. Esta observación lo llevó a pensar si los hongos podrían salvar a las abejas alrededor del mundo. Conforme el colapso en la población de abejas se convirtió en un fenómeno mundial, Stamets recordó esta epifanía, pensando que podría darle a los científicos una pista para encontrar la forma de salvar a las abejas.

Steve Sheppard, un profesor de entomología de la Universidad Estatal de Washington, puso atención a esta epifanía en 2014. Él ya había escuchado muchas teorías de cómo salvar las abejas, pero las observaciones de Stamets le parecieron una pista suficiente para explorar esta opción.

Los resultados de esa exploración se publicaron en el diario Reportes de la Naturaleza (Nature Reports, por sus siglas en inglés), los cuales revelaron que una pequeña porción de extracto de micelio de los hongos amadou (Fomes Fomentarious) y reishi rojo (Ganoderma Resinaceum) disminuían la presencia de los virus Varroa asociados a los ácaros.



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