22/06/2018 – Este domingo fue la última vez que se vio en público a la elefanta Ruperta, en el Parque Zoológico Caricuao, de Caracas, Venezuela.  Ese día se arrinconó, levantó ligeramente la trompa y se quedó paralizada durante una hora.

Entre 10 niños y 7 adultos estaban observando a Ruperta. Mientas los adultos estaban sorprendidos y murmuraban que ‘no se movía’, lo niños le gritaban ‘¡¡Ruperta!!’, tratando de animarla.  Ruperta esta próxima a morir, pero no por la edad, sino por el hambre.

El lunes siguiente el guardia de turno encontró a Ruperta tirada en el suelo: esta vez sin respirar y con surcos de lágrimas en su rostro. Ruperta había muerto.

Tras varios cambios y restituciones de su dieta, el 23 de marzo de 2017, una debilitada Ruperta se desmayó por primera vez. Trabajadores y ambientalistas aseguraron que, para entonces, llevaba un mes comiendo mal, y que tan sólo le daban pasto y calabaza, lo que además le generó diarrea. El presidente Nicolás Maduro desestimó la información y dijo que se había creado «una novela», «un show», para «desmoralizar a la gente». En agosto del año pasado seguía débil y sufrió un segundo desmayo. De nuevo los bomberos tuvieron que ir con su grúa al zoo para levantarla poco a poco y estabilizarla, un proceso que duraba horas.

Esa segunda vez se abrió una oportunidad para Ruperta con la oferta de enviarla al único santuario de elefantes de América Latina, en Brasil. Ambientalistas dentro y fuera de Venezuela lucharon en vano por un traslado que las autoridades de Inparques -ente encargado del zoo- negaron. En casa, sin embargo, las cosas mejoraron. Ruperta ganó un poco de peso y le repararon su piscina. Sin embargo, este 7 de junio se desplomó por tercera vez. De los al menos 135 kilos de comida que, según publicaciones especializadas, debería consumir un elefante adulto en un día, Ruperta tan sólo estaba comía 10 kilos, entre bambú que cortaban del parque y zanahorias. Así lo aseguró a Crónica la ambientalista Maribel García, miembro de una red de protección ambiental de la parroquia de Caricuao, quien presume que de las cuatro toneladas que debía pesar, Ruperta murió con dos toneladas y media de peso.



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