05/06/2020 – Los humanos hemos impactado virtualmente todos los procesos del planeta. Se pueden encontrar desechos de productos humanos en todas lás áreas del océano. Sobre todo, el plástico puede encontrarse inundando desde playas hasta lo más profundo del océano.

Pero en una publicación reciente, científicos creen que han identificado y encontrado el aire más limpio del planeta, libre de partículas de actividad humana. Esta joya la encontraron sobre el océano que rodea la Antártica, en el hemisferio sur. Este descubrimiento lo hicieron investigadores de la Universidad Estatal de Colorado, pues la atmósfera de esta región no ha cambiado por la actividad humana.

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La investigación se publicó en el portal Proceedings of the National Academy of Sciences (Procedimientos de la Academia Nacional de Ciencias, en español). Gracias a los patrones de clima y algunas particularidad del clima local, las nubes sobre el océano del polo sur son impolutas.

El estudio:

Los investigadores que realizaron el estudio descubrieron que no hay señales de impacto humano. No hay señal de combustibles fósiles, fertilizantes, ni ningún otro desecho humano. Es de lo más puro que hay y de alguna forma, aún existe en la Tierra.

Los científicos tomaron muestras cerca de la superficie del océano, así como la atmósfera superior. Ellos estudiaron la composición de los microbios que encontraron en el aire, lo cual puede ofrecer una pista de dónde ha estado este aire. Los investigadores descubrieron que gran parte de los microbios se originaron en el mar.

“Los aerosoles que controlan las propiedades de las nubes del sur del océano están fuertemente vinculados con los procesos biológicos del océano. Por esto, la Antártica parece estar aislada de los microorganismos y nutrientes desecho de los países del hemisferio sur”, dijo en una declaración Thomas Hill, co-autor del estudio. “En general, sugiere que el sur del océano es una de las pocas regiones del planeta que ha prácticamente no ha sido afectada por las actividades antropogénicas”.

Foto: Kathryn Moore, Universidad Estatal de Colorado.

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