19/09/2019 – Al limpiar el filtro de cualquier lavadora o incluso, al pasar la mano en la ropa recién lavada y seca, hay pequeños cúmulos de ropa que se desprenden. Usualmente “terminan” en la basura. Pero realmente, siguen un camino, no se “quedan en la basura”.

De acuerdo a una nueva investigación, 60% de los microplásticos en nuestra agua fresca proviene del lavado de nuestra ropa. Cuando lavamos nuestra ropa, toallas y sábanas, se quiebran y desprenden muchas microfibras. Estas microfibras recorren el camino a las plantas de tratamiento de agua o basura y desde allí, se dirigen con el resto de desechos a lagos y otros cuerpos de agua.

“Me sorprendió un poco, aunque luego le encontré toda la lógica”, dijo la Química Sherri Mason, de la Universidad de Penn State, al diario Scientific American. “Todos nos damos cuenta al limpiar el filtro de nuestras secadoras, de la cantidad de pelusa retenida. Por lo que, seguro que hay pelusa que se desprende de la lavadora y realmente, de cualquier lavado.”

Mason analizó 90 muestras de 17 plantas de tratamiento distintas, en los Estados Unidos de América. En su reporte publicado en American Scientist, Mason indica que encontró que en cada planta liberaba un promedio de de más de 4 millones de piezas de microplásticos de la ropa y otras telas.

Si bien los materiales naturales también liberan pelusa, estos son más fácilmente descompuestos. Esto no sucede con los textiles sintéticos. Los textiles sintéticos se quiebran con el tiempo en partículas mucho más pequeñas que pueden estar en el ecosistema por siglos.

¿Qué hacer?

Mason dice que la información es poder y que los consumidores están tomando acción. Así como las microperlas en los cosméticos se prohibieron en los Estados Unidos el año pasado y en Guatemala hay más de diez municipios que han prohibido las pajillas y las bolsas plásticas, los consumidores pueden comenzar a exigir otras acciones. Cada persona puede también, comenzar a tomar sus propias decisiones en la reducción de plástico.

“El plástico que usamos invariablemente regresa en nuestra comida y en el agua que bebemos,” indica Mason en su reporte. “Aunque puede ser un poco estresante al principio, también es indicador de los cambios positivos que podemos realizar.”

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