26/02/2018 – ¿Alguna vez has cerrado tus ojos y notado la vastedad del silencio? ¿Alguna vez has estado solo pero te has sentido completamente acompañado por eso intangible que reemplaza al ruido? ¿Que más allá de estar vacío está más lleno de presencia que la palabra misma? Creemos que el silencio es la falta de ruido, la ausencia de palabras, el vacío de bullicio, pero mientras más y más medito más noto la vastedad del silencio, la enormidad de energía y la importancia de ella en nuestras vidas.

Hace poco asistí a un curso de Meditación de 10 días, dónde meditábamos por 10-12 horas diarias y una de las prácticas era guardar silencio por 9 días. Al principio al contar sobre mi experiencia, a la gente parecía no sorprenderle la cantidad de horas al día que meditábamos sino más bien era el guardar silencio por tantos días lo que los intrigaba, sorprendía y me atrevería a decir que hasta los asustaba.

Algunos se intrigaban y me hacían preguntas de cómo se siente pasar tantos días en silencio, algunos rápidamente creaban explicaciones por las cuales ellos nunca podrían hacer algo así y otros me miraban con ojos de sorpresa, como que si yo fuera un ser fuera de lo común, introvertida por naturaleza y que debido a estas cualidades de mi personalidad debo estar atraída a esta práctica del silencio.

Y no están tan equivocados, a pesar de mostrarme como una persona extrovertida y social, soy bastante introvertida y necesito pasar mucho tiempo a solas, conectando conmigo misma, nutriéndome y sobretodo cultivando ese silencio del que hablo. Esto es algo que no siempre supe. Muchas veces me culpaba y no aceptaba esa necesidad de cultivarme a solas, de alejarme del ruido y estímulo constante. De hecho, sentía que me colocaba en desventaja en un mundo donde parece que él que habla más alto es el que es escuchado y favorecido.

Sin embargo, mientras más profundizo en las técnicas y filosofías del autoconocimiento más logro aceptar y abrazar ese tiempo a solas, esa pausa en mi día, esa solitud que más que ser un vacío es una presencia tan llena, pura y plena, que no he logrado explicar con palabras. No pasa un día sin que mi cuerpo y mente me pidan ese “time-out”, ese tiempo para mí, esos minutos de silencio. El hábito de la reflexión y meditación es algo que todos podemos cultivar en nosotros mismos y en nuestras agitadas vidas. Te invito a que comiences hoy por tomarte unos minutos, para estar en silencio, para conocerte a ti mismo y nutrirte con la mágica voz del silencio.



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