A pesar de los grandes esfuerzos en mantener nuestra naturaleza limpia, aún seguimos encontrando basura tirada por todos lados.

28/03/2019 – Todos hemos pasado por calles, senderos en los bosques, orillas de los ríos o barrancos en los que continuamente encontramos basura tirada. Todas esas bolsas, botellas, empaques, pañales (y la lista continúa) parecen venir de una fuente inagotable. Una fuente que día con día aporta grandes cantidades de contaminación a estos lugares.

A pesar de que ya sabemos que somos los seres humanos quienes estamos abusando y descartando incorrectamente estos productos, no hemos logrado crear conciencia en las poblaciones para evitar que esto siga sucediendo. Para entender un poco mejor la raíz del problema tenemos que remontarnos a nuestros inicios como humanidad.

Todos sabemos que la naturaleza “NO GENERA BASURA”. Cada ser vivo y no vivo es aprovechado de una u otra forma por el ecosistema en el que se encuentra. Esto nos incluye a nosotros también. Desde nuestros inicios en la Tierra, hemos utilizado recursos que la naturaleza nos regala. Hemos consumido y tirado “desechos orgánicos” que la misma naturaleza utilizaría después.

Sin embargo, este patrón cambió con la industrialización y la creación de productos no perecederos como el vidrio, los productos metálicos y más recientemente EL PLÁSTICO. Todos ellos utilizados por el ser humano para empacar y contener sus alimentos y otros enseres. ¿Pero qué pasa cuando ya hemos usado esos productos y los tiramos? ESTOS NO DESAPARECEN NI PUEDEN SER APROVECHADOS POR LA NATURALEZA.

Toda la basura sque descartamos, incluso aquella que tiramos al basurero, termina en la naturaleza, principalmente en ríos y los océanos.

El humano tiene en su matriz genética el comportamiento de “USAR Y TIRAR”. Sin embargo, ese comportamiento ya no es sostenible y está causando problemas en los ecosistemas naturales. Ahora bien, a pesar de que contamos con varios esfuerzos de educación ambiental para crear cambios en la población, siempre surge la interrogante ¿por qué la basura sigue siendo un problema?

La respuesta radica en la educación a todos niveles. Nos hemos enfocado en la educación para las nuevas generaciones, olvidándonos que son los adultos quienes ya poseen un comportamiento insostenible y quienes transmiten este conocimiento a quienes les siguen. Sin embargo, nos valemos de expresiones como “los grandes ya tienen un comportamiento forjado”, “Es más fácil trabajar con niños”, “Los niños aprenden más rápido”… para no tener que abordar a un grupo que puede presentar más conflictos.

Pongamos un ejemplo: En la escuela, los niños aprenden que deben hacer la limpieza todos los días y juntar su basura en los botes correspondientes. Al tener la basura en los basureros, la maestra les pide que la tiren en el bosque que está cruzando la calle. Los niños obedecen y lo tiran.

Ejemplo real – (C) Semillas del Océano, 2019

Esta acción genera en ellos el sentido de percepción que tirar la basura en el bosque es normal y que está bien. Cuando estos niños crezcan ¿Qué información crees que les compartirán a sus hijos? Así, la cadena continúa.

Si hacemos un análisis de este ejemplo, tendríamos que comenzar por qué la maestra debió haber sido capacitada y educada para cambiar sus comportamientos insostenibles, antes de transmitirlos a sus niños.  Segundo, que, siendo una maestra consciente con el medio ambiente, debió promover la reducción de consumo de productos antes que solo colocarlos en un basurero. Tercero, que siendo una maestra que busca el bienestar ambiental, no hubiera permitido que la basura fuera tirada en el bosque; buscaría posibilidades de reciclaje y/o reutilización de los productos.

Entonces… ¿la solución al problema es?

¡Educar a los adultos! Estamos en un punto donde la contaminación es tan grande, que no podemos esperar a que las nuevas generaciones tomen el liderazgo y salven el planeta.

La educación sobre las 3Rs es de suma importancia: Reducir, Reusar y Reciclar. Es momento de ROMPER ESTIGMAS y comenzar a educar a nuestra generación, para que sean ellos y ellas quienes siembren la semilla de la conservación en otros individuos.  

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