13/03/2018 – Es probable que cuando lees o escuchas la palabra “meditación”, cierta imagen viene a tu mente: una persona sentada en el piso con piernas cruzadas y ojos cerrados. Pues bien, aunque la meditación sentada es una de las prácticas formales más populares es importante resaltar que no es la única forma de meditar.

La definición de la meditación es simplemente la toma de conciencia del momento presente, es convertirse en el observador de nuestra experiencia sin juzgar y a través de esa actitud cultivar una mente en calma, enfocada y relajada. Hoy en día, si no adoptamos el hábito de tomar pausas en nuestro día, podemos ser absorbidos hacia una actitud casi automática de movimiento constante, no sólo físico sino sobretodo mental.

Cuando nos comenzamos a interesar por estas prácticas milenarias para cultivar una mente en calma y un sentido global de salud y bienestar, puede ser algo intimidante el abordar la meditación desde esa típica imagen en nuestras cabezas, queriendo alcanzar el estado de “tener la mente en blanco”.

Es por esto que hoy me gustaría hacer de la palabra meditación un término más accesible para todos. Para esto quisiera aclarar que la meditación más que lograr una postura física perfecta y tener la intención de parar nuestro tren de pensamientos, es más bien una actitud con la que se realizan las cosas. La meditación nos invita a cultivar un estado de presencia pura y aceptación total, sumergiéndonos en el presente donde nos convertimos en el observador de cada experiencia y de cada instante. Y esta misma actitud se puede llevar a cualquier actividad que realicemos.

Hoy quisiera que nos enfocaramos en llevar y cultivar esa actitud primero en esas actividades que nos hacen regresar a nosotros mismos, que nos hacen sonreír, que nos hacen olvidarnos del mundo exterior. Esto puede ser por ejemplo: el pintar, el leer un libro, tomar una taza de té, caminar por el bosque, bailar, tomar una ducha caliente, etc. Y ¿a qué me refiero cuando digo “regresar a uno”? Esas actividades tienen la capacidad de llevar toda nuestra atención hacia un solo punto de enfoque, nos hace regresar todos nuestros sentidos al momento presente y hacia nuestro mundo interior, donde el tiempo se detiene y lo único que predomina es esa conexión con nosotros mismos y esa actividad en especifico.

Utilizando actividades cortas, sencillas pero con gran significado para nosotros podemos poner en práctica la actitud que nos invita a cultivar la meditación: la presencia, la aceptación, el observar, el no juzgar y dejar que esa felicidad y quietud de la esencia de nuestro ser salga a relucir y sea eso lo que nos guíe, nos transforme y nos abrace hasta que poco a poco seamos capaces de regresar a nosotros mismos. 

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