18/10/2021 – Conforme se acerca la gran conferencia sobre cambio climático COP26, es importante conocer los hechos históricos para no dejarse llevar por las narrativas que seguramente se escucharán en dicha conferencia. Es normal desear señalar culpables cuando algo va mal, como lo es el impacto de los humanos en la Tierra. Los países occidentales a menudo señalan a China y a los países más desarrollados. Pero entender cómo distribuir la culpa histórica y contemporánea por la crisis climática nos puede ayudar a desenmascarar hipocresías.

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Las emisiones en la historia:

En un análisis reciente, la organización Carbon Brief (Reporte de Carbono, en español) publicó un análisis a la responsabilidad histórica relacionada con la pregunta ¿Qué países son responsables históricamente por el cambio climático? El mismo revisó las emisiones de CO2 de 1850 a 2021, actualizando su informe previo de 2019 e incluyendo por primera vez las emisiones del uso de tierra y ganadería, las cuales alteraron significativamente a los primeros diez países más contaminantes.

El análisis coloca a los Estados Unidos de América en el primer lugar, responsable del 20% de las emisiones globales totales desde 1850. China es el segundo responsable, con un 11%, seguido por Rusia 7%, Brasil 5% e Indonesia 4%.

El análisis determinó también que los países post coloniales europeos, Alemania y el Reino Unido, tenían una responsabilidad del 4% y 3%, respectivamente. Crucialmente, sin embargo, estas cifras no incluyen las emisiones en el extranjero durante la época colonial.

Una visión más inclusiva:

El Primer Ministro del Reino Unido, Boris Johnson, está por hospedar la COP26 y estará pintando a ese país como líder en la lucha contra el cambio climático. Si sólo se escucha su retórica, sería fácil considerar al Gobierno del Reino Unido como una voz progresiva en esta lucha. Este gobierno se comprometió a reducir el 68% de las emisiones de gas de efecto invernadero de los niveles de 1990, para el el año 2030. Pero el gobierno británico está fallando en alcanzar todas sus metas.

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Además, el Reino Unido asume su responsabilidad en la forma más reducida posible. Es importante comprender el contexto histórico y la responsabilidad por las emisiones, para poder pedir justicia climática. Cuando se evalúan las emisiones del Reino Unido en el tiempo, se comprende que la riqueza e infraestructura que gozó el Reino Unido se construyeron sobre grandes cantidades de contaminación.

El autor de The No-Nonsense Guide to Climate Change (La Guía sin sinsentidos del Cambio Climático, en español) escribe que “cada residente del Reino Unido está sentado en cerca de 1,200 toneladas de CO2 histórico. Eso hace a este país uno de los países más contaminantes per cápita. Esta es una cifra similar a la de los Estados Unidos de América, pero mayor a las 150 toneladas de CO2 histórico per cápita para China y 40, para India.” Y aún con todo, estas cifras sólo incluyen las emisiones de las tierras que eran del Reino Unido, no los movimientos marítimos.

Más allá de las fronteras:

La carga sobre cada habitante británico es aún mayor. Según el reporte de WWF del año pasado, el 46% de las emisiones del Reino Unido vienen de productos fabricados en el extranjero, para satisfacer la demanda del Reino Unido.

Las realidades históricas dan una perspectiva diferente al tema de la responsabilidad. Como lo explica este artículo de Open Democracy (Democracia Abierta, en español), el Reino Unido desarrolló el capitalismo basado en petróleo. Este fue el inicio de la crisis climática. A través de su Imperio Británico, exportó esta costumbre a todo el mundo. El Imperio Británico fue el responsable de la destrucción de civilizaciones relativamente sostenibles, de realizar una gran deforestación y de la degradación de gran cantidad de ecosistemas. El análisis de Carbon Brief no toma en cuenta mucha de la deforestación que se realizó en Canadá, Australia y otros países, mientras eran colonias británicas.

El Reino Unido y la máquina que fue su Imperio son más responsables del cambio climático que cualquier otra potencia mundial. Y la responsabilidad no es solamente histórica. Habrá que tomar en cuenta que el Reino Unido es aún una economía petrolera. BP es Británica y Shell es Británico-Holandesa. Si se sigue de dónde proviene el dinero (tanto gubernamental como de instituciones financieras británicas), es claro que el Reino Unido ha apoyado considerablemente los intereses petroleros.

Una revisión histórica de quién ha gastado los recursos del planeta podría servir para pedir cuentas en estas grandes reuniones climáticas.

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