30/08/2014 – Toda actividad que incluye el gasto de energía no renovable expulsa una cantidad específica de carbono (CO2) a la atmósfera, la cual se puede medir en toneladas métricas. Cuando se dice que una empresa emite diez toneladas de CO2 anuales, es porque ya se han identificado todas sus fuentes de emisión como electricidad, los combustibles que utiliza o los productos que demanda. A esto se le llama huella de carbono.

Quien logra reducir dichas emiciones al ambiente, mediante la realización eficiente de los procesos de producción, podría ingresar al mercado de créditos de carbono, los cuales pueden alcanzar un precio de US$15 cada uno.

Ecofiltro, S.A. es una de las primeras empresas que logra ser certificada por Gold Standard, que es la entidad con mayor reconocimiento y legitimidad a nivel internacional que se dedica a validar las actividades que generan dichos créditos.

Philip Wilson, propietario de la fábrica Ecofiltro, S.A., está convencido de que las empresas “más rentables del mundo son ecoeficientes”. Por ejemplo, en su fábrica instaló paneles solares que han reducido el consumo de energía eléctrica a Q9 mensuales.

Su nueva fábrica omitió los ventiladores que secaban los filtros de barro y la construyó sin paredes, para que de forma natural el aire fresco haga dicho trabajo. Por último organizó la creación de una huerta orgánica para consumo de los trabajadores.

“Bajamos altos costos gastados en el mercado y obtenemos vegetales más ricos y no gastamos nada. Si uno quiere ser un empresario y tener buena rentabilidad, ser ecoeficiente es importante”, afirmó Wilson.

Fuente: El Periódico.

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