Continuación de nuestra publicación “Comunidades afectadas por la expansión de palma africana“.

05/03/2021 – En el municipio de Sayaxché, departamento del Petén, los habitantes siguen lidiando con la contaminación del río La Pasión cinco años después. En 2015 la empresa Reforestadora de Palmas del Petén, Sociedad Anónima (REPSA), empresa del Grupo HAME, contaminó 150 kilómetros del cuerpo de agua afectando al ecosistema. Se encontraron más de 50 toneladas de peces muertos.

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Los vecinos de Sayaxché denuncian que en los últimos años han ocurrido otros derrames de químicos y aceite en las cercanías de las zonas de cultivo de palma. Esto no ha podido confirmarse por las autoridades porque cuando la Municipalidad de Sayaxché toma muestras se tarda más de doce horas en llegar a los laboratorios de la Universidad de San Carlos, ubicados en la Ciudad de Guatemala, incumpliéndose los periodos en la cadena de custodia que debe ser menos de diez horas.

Saúl Paau, líder comunitario de Sayaxché, dijo que por años el río ha sido contaminado por los cultivos de palma de aceite. Explicó que esta situación afecta aproximadamente a la mitad de la población del municipio que se alimenta de peces y consume su agua.

María Margarita Hernández, líder comunitaria del caserío Canaán, Sayaxché, resaltó que el daño provocado por la contaminación del río La Pasión dejó graves daños ambientales y que el Estado de Guatemala lejos de castigar a los responsables los ha protegido, su testimonio es parte de un documento titulado: Los impactos del cultivo del aceite de palma en materia de DDHH, elaborado por el Colectivo Madre Selva.

“Fue una lucha donde dejamos nuestros zapatos tirados, porque tuvimos amenazas y persecuciones por defender los derechos de las 22 comunidades. Peleamos el agua porque es el sustento, es el principal sustento de la vida. Hacíamos campaña en las comunidades para que no se metieran al río y hubo reuniones permanentes. Uníamos a los grupos para darle seguimiento al caso. El caso jurídico contra la empresa ya no avanzó y sobre el asesinato de un compañero pues dejamos de insistir porque la familia no quiso. Hubo muchas compras de voluntades bajo la mesa”.

Una comunidad en pobreza:

Santa Odilia es un ejemplo de las comunidades en las que predomina la falta de desarrollo y pobreza, ubicada en las inmediaciones de las fincas de palma de aceite. Mientras los pueblos se mantienen en la misma condición desde hace décadas, el sector palmicultor crece y genera millones de quetzales para la industria.

Recorrido por una plantación de palma de aceite en la comunidad Santa Odilia. Las plantas de palma superan los 5 metros de altura. (Fotografías: Artículo 35 / Vox Populi)

En Santa Odilia viven aproximadamente tres mil personas, no hay calles asfaltadas ni drenajes. Algunas viviendas carecen de agua potable. Más de la mitad de los habitantes son pobres.

Según la Secretaría de Planificación y Programación de la Presidencia de Guatemala en el municipio de Nueva Concepción, al que pertenece la comunidad Santa Odilia, el 54.5 por ciento de la población vive en pobreza y el 8.2 por ciento en pobreza extrema.

El Instituto Nacional de Estadística (INE) señala que una persona que está en condiciones de pobreza usa cuatro dólares diarios para alimentarse y la que vive en pobreza extrema apenas dos dólares al día para consumir alimentos.

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Margarita Girón, vecina de Santa Odilia, resaltó que en su comunidad hay grandes carencias y por ello gran cantidad de personas migran a los Estados Unidos, “durante varios meses del año hay trabajo en las fincas, pero el pago es muy poco y por eso muchos prefieren irse, nosotros no estamos en contra de la siembra de palma, pero las empresas se deberían de preocupar más por las comunidades”, resaltó.

Edgar Del Cid Leiva, párroco de la iglesia de Nueva Concepción, municipio al que pertenece la comunidad Santa Odilia, explicó que en la época de los noventa la empresa Santa Rosa, Sociedad Anónima, se apropió de una calle y sembró palma de aceite.

“La finca Cuatro Robles (Santa Rosa, S.A.) del grupo HAME sembró palma en caminos comunales y eso ha afectado el desplazamiento de los vecinos. Uno camina por esas calles, pero al llegar a la finca se topa con que el camino está bloqueado por las palmas. Hay varios temas que deben ser tratados con urgencias, pues todo eso podría replicar en problemas mayores”, explicó el líder religioso.

En la época de los noventa el terreno de palma de Santa Rosa, S.A no llegaba hasta la orilla del río Coyolate. Había un camino que era usado por los pobladores para comunicarse, pero al pasar los años la empresa fue sembrando palma de aceite y se apropió del espacio, bloqueando el paso.

“Hace 25 años había calles que comunicaban las fincas de los pobladores, pero ahora al llegar a la finca de palma ya no se puede pasar porque ellos agarraron un terreno de 40 metros por un kilómetro para sembrar palma. Al usar esa calle nos bloqueó el paso y debemos caminar 10 kilómetros para redondear el paso que cerraron”, explicó Adam Cruz, presidente del Consejo Comunitario de Santa Odilia. 

La organización denunció que la empresa Santa Rosa, S.A. los presiona para que firmen un documento en el que deben agradecer por proyectos que, a decir de los pobladores, no existen en la comunidad. Cruz señaló que no firmarán hasta que liberen las calles públicas en las que han sembrado palma de aceite. 

Otra de las peticiones es que construyan un paredón que frene las inundaciones para el pueblo. Solo este año contabilizan seis inundaciones.

La tormenta Eta dejó inundaciones en Santa Odilia a pesar que el fenómeno tropical no pasó cerca de la comunidad. Durante algunos días el agua llegó hasta el centro de la aldea e inundó algunos sembradillos de elote para consumo de sus pobladores. Eso también afectó a los animales de corral como vacas, cerdos, gallinas y patos. Algunos murieron porque los vecinos no tenían donde refugiarlos.

En Santa Odilia hay casas que están construidas de block, y otras de madera y láminas. Estás son las más afectadas por las inundaciones porque si la corriente es fuerte, las destruye.

Cada año la historia se repite en las riveras del río Coyolate. El afluente de unos 160 kilómetro nace en el departamento de Chimaltenango, al occidente del país, y desemboca en el Océano Pacífico.

Todos los años los habitantes deben construir un puente de madera sobre el río y pasar desde Santa Odilia hasta las fincas de caña de azúcar (otra fuente de trabajo). Con la llegada del invierno el paso de unos 200 metros es destruido.

La respuesta de Grupo HAME:

La gerente de comunicación corporativa, Xiomara Lima y el gerente de proyectos, Gustavo Chacón del grupo HAME indicaron en relación a la borda que se encuentra en la finca Cuatro Robles (Santa Rosa, S.A.) que la misma no influye en las inundaciones que se dan en terrenos de la comunidad San Odilia y lejos de afectar beneficia a la población.

“La borda de la finca Cuatro Robles, además de proteger el área de cultivo de la empresa, protege la comunidad de Santa Odilia y las áreas de cultivo de la comunidad en una de las vueltas del río. La borda es más larga y tiene un nivel más alto de lo requerido para resguardar los cultivos de la empresa, esto apoya a la comunidad en la época de lluvia. Además, damos mantenimiento para fortalecer la borda a fin de evitar que la comunidad se inunde”, destacaron los entrevistados.

Señalan que constantemente están en comunicación con los líderes de la comunidad para evitar conflictos. Lima y Chacón rechazan también que el grupo HAME haya invadido los caminos de comunidades. Además que en ningún momento los pobladores se han quejado de ello.

Desmienten que se presione a personas de Santa Odilia para que firmen documentos en apoyo a los proyectos. 

“Grupo HAME no presiona para que se firme ningún documento en agradecimiento por los proyectos. Sin embargo, Grupo HAME está certificado con la Norma ISO37001, enfocada en la ética y transparencia, por lo que cumpliendo con el proceso de debida diligencia todo apoyo, colaboración o donación de parte de la empresa a cualquier comunidad, institución pública o privada, así como a cualquier organización, debe quedar debidamente documentada y registrada, involucrando los actores clave en el proceso como soporte de la entrega de dichas gestiones”, indicaron.

La finca El Roble perteneciente a Santa Rosa, Sociedad Anónima (Grupo HAME) es una de los terrenos más antiguos en los que se siembra palma de aceite en Nueva Concepción, Escuintla. (Infografía: Artículo 35 / Vox Populi)

Análisis de la forma de proceder de las empresas agrícolas de palma africana:

El economista y analista de El Observador, Luis Solano, considera que los  dueños de tierras siguen acaparando más áreas afectando a las familias, pues cientos de campesinos quedan encerrados en las grandes extensiones de las propiedades y se ven obligados a vender.

“Mucha de la compra de tierras por parte de las grandes empresas se da bajo amenazas o desplazamiento forzado, lo cual es muy grave”, resaltó Solano, quien agregó que debe ponerse atención al departamento del Petén, pues la siembra de palma crece a ritmo acelerado y sin control.

El investigador señaló que los tres factores que ayudan a que Guatemala sea de los principales productores de palma de aceite son la cantidad de ríos, la lluvia y la buena tierra. 

Enfatizó que la siembra de palma requiere de grandes cantidades de agua y precisamente ese es uno de los principales conflictos en torno a su cultivo.

Solano dijo que “el boom” en la siembra de palma en Guatemala se dio a partir del año 2000, siendo uno de los principales motivos el aumento de la comida chatarra y consumo de agrocombustibles. El aceite de palma es más barato y sustituye a otros más caros como el de oliva, canola, soya y algodón.

Tomado del artículo “El conflictivo avance de la palma aceitera en Guatemala”, publicado por Vox Populi.

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