17/09/2014 – A medida que se hace imperativo reducir las emisiones, organizaciones y gobiernos buscan fórmulas para compensar los efectos nocivos del carbono en la atmósfera.

¿Cuánto vale el humo que sale del tubo de escape de su automóvil? ¿Y los gases que emiten las fábricas? El smog se ve —y se siente—en lugares como Pekín y Ciudad de México, es decir, es real. Pero es complicado medir y calcular en dinero el daño que se hace al planeta, a la naturaleza, a las personas.

Sin embargo, científicos, gobiernos, instituciones internacionales y organizaciones no gubernamentales analizan fórmulas (algunas ya existentes) para “cobrar por contaminar” o “poner un precio a las emisiones”, es decir, que quienes más contaminen, compensen en términos económicos el daño que le hacen al ambiente. La idea es limitar y reducir las emisiones de gases de infecto invernadero, responsables del calentamiento global y del cambio climático.

Y es vital y necesario, ya que nuevos datos muestran que en 2013 la concentración de gases que provocan el efecto invernadero en la atmósfera registró un nuevo récord. Mientras continúen las emisiones al ritmo actual, la concentración de gases continuará creciendo. Esto provocará la elevación de la temperatura del planeta y traerá consecuencias graves para el medio ambiente con fenómenos climáticos más severos y más frecuentes, afectando actividades como la agricultura.

Pero para compensar estas emisiones, es indispensable cuantificarlas. Lo más común es calcular las emisiones de dióxido de carbono (CO2) o las emisiones equivalentes a CO2 de todos los gases que provocan el efecto invernadero, incluyendo el propio dióxido de carbono o el aún más contaminante metano.

Por eso, cuando se habla de “comprar” y “vender” emisiones que provocan el efecto invernadero y el cambio climático, se están describiendo los “mercados de carbono”.

Fuente: El País.

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