03/08/2022 – Un camino de aproximadamente 5 metros de ancho, de tierra, era el usado por camiones pesados, bordeando un acantilado de aproximadamente 100 metros. Esta fue la experiencia diaria para muchos bolivianos, por lo que lo bautizaron como “el camino de a muerte”.

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Luego, en 2007, el gobierno finalmente construyó un camino mucho más seguro. De repente, todo el tráfico en este paso tan peligroso, disminuyó en un 90%. Y de acuerdo con la Sociedad de Conservación de Vida Silvestre (WCS, por sus siglas en inglés), en un estudio publicado en Ecología en Bolivia este año, el camino comenzó a atraer a distintas especies de viajero. El Camino de la Muerte cobró una segunda vida como paraíso de vida silvestre, incluyendo especies en peligro vulnerables y en extinción

“Este estudio resalta la resiliencia de la vida silvestre y la biodiversidad y su capacidad de recuperarse, si se le permite”, indica Robert Wallace, co-autor del estudio y director del Gran Programa del Paisaje Madidi-Tambopata de WCS.

Del camino de la muerte, a espacio lleno de vida:

El llamado “camino de la muerte”, conocido también como el viejo camino de los Yungas, se construyó en 1930. Durante casi 80 años, fue el único camino que conectó La Paz, la capital, con el norte del país. Esto representaba tráfico de 24 horas al día y lo convirtió en uno de los pasos más ocupados del país. Continuó así por años, a pesar de que se tuvo un promedio de 200 accidentes y 300 muertes al año, entre 1999 y 2003.

El camino era letal tanto para humanos como para los habitantes no humanos del área. De hecho, desde la perspectiva animal, una carretera con tráfico se considera un “camino de la muerte”. Se estima que en las carreteras europeas mueren 194 millones de aves y 29 millones de mamíferos. De igual forma, mueren 365 millones de vertebrados mueren anualmente en carreteras en los Estados Unidos de América.

Desde que se construyó una carretera moderna y más segura, el tránsito en el “camino de la muerte” se redujo en un 90%. Ahora, las personas usan el camino principalmente para actividades relacionadas con ecoturismo, avistamiento de aves y subidas en bicicletas.

Para documentar estos cambios, los investigadores han puesto 35 cámaras de trampa, en 12 kilómetros a la redonda del viejo “camino de la muerte”, en un área que ahora es el Parque Azucarani. Entre noviembre y diciembre de 2016, administraron 515 capturas digitales por noche, que resultaron en un total de 14,185 fotografías. Las imágenes eran un 7% de mamíferos, 9% de aves, 1% de animales domésticos y 83% no mostró animales.

La naturaleza sólo necesita espacio:

Esta transformación del “camino de la muerte” muestra lo que puede suceder si los vehículos desaparecen de una ruta. Pero WCS está trabajando también porque los caminos en Bolivia sean en general, más seguros para los Animales.

“En Bolivia, WCS trabaja con la Autoridad de Caminos Boliviana, ayudándoles a desarrollar políticas y técnicas que minimicen el impacto de las nuevas carreteras,” dice Wallace. “También estamos generando información y estamos probando metodología para identificar corredores prioritarios de vida silvestre”.

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