07/03/2021 – No todos están de acuerdo con la afirmación del presidente Alejandro Giammattei, respecto a que la palma africana sacará al país de la pobreza. Julio González, de la organización ambientalista Madre Selva, reiteró que la siembra de palma genera impactos negativos en las comunidades como el desvío de ríos, contaminación, deforestación y enfermedades para los pobladores.

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“La expansión de los monocultivos ha provocado el desalojo de comunidades, ya que muchos pobladores son expulsados de distintas formas, entre ellas, la compra de tierra bajo amenazas. El uso intensivo de agroquímicos es grave para la salud de los trabajadores y de los pobladores que viven cerca de las plantaciones. Además, deja la tierra inservible por muchos años”, explicó.

Para esta investigación, Vox Populi solicitó al Ministerio de Agricultura, Ganadería y Alimentación (MAGA) el número de hectáreas usadas para la siembra de palma de aceite en Guatemala, así, como su ubicación y las empresas propietarias. La respuesta fue: “no contamos con la información que solicita, puede comunicarse con la Gremial de Palmicultores de Guatemala”.

Así, el estudio Perfil Ambiental de Guatemala 2010-2012 elaborado por el Instituto de Agricultura, Recursos Naturales y Ambiente de la Universidad Rafael Landívar, señala que la expansión de monocultivos como la palma aceitera provoca la deforestación de Guatemala. La expansión de la palma aceitera ha llevado a que se invadan áreas protegidas por el Estado donde se busca la conservación de la flora y fauna silvestre en esos territorios.

Monocultivo en áreas protegidas:

El informe revela que 22,967 hectáreas de plantación de palma se encuentran en áreas protegidas, lo que equivale al 13.38 por ciento de las hectáreas de palma de aceite reportadas en 2019, que son 171,581. La Universidad Rafael Landívar señala que el 90.6 por ciento de las áreas protegidas en las que se siembra este monocultivo se encuentra en el departamento de Petén.

De esas  22,967 hectáreas de palma de aceite, 80 están en reservas naturales privadas, las demás están en terrenos de reservas, refugios, monumentos y zonas de amortiguamiento que pertenecen al Estado de Guatemala, según el Sistema Guatemalteco de Áreas Protegidas –SIGAP-.

El secretario ejecutivo del Consejo Nacional de Áreas Protegidas (CONAP), Abraham Estrada, dijo que cualquier monocultivo conlleva un impacto relevante sobre la diversidad biológica. Si no se toman las medidas de mitigación necesarias esto puede implicar pérdida de ecosistemas importantes y únicos, humedales contaminados y afectados que son hábitat de especies nativas y de aves migratorias.

Siembra de palma de aceite en el municipio de Nueva Concepción, Escuintla. Las plantaciones se extienden por decenas de kilómetros a un lado de la carretera. (Fotografías: Artículo 35 / Vox Populi)

“La deforestación para implementar plantaciones de palma, lleva también a la defaunación de las áreas que son destinadas a estos cultivos, ya que los animales no pueden desplazarse por estas grandes extensiones de cultivo, porque no encuentran en ellas los recursos que necesitan para sobrevivir”, añadió.

Sobre el ingreso de la palma de aceite en áreas protegidas, Estrada mencionó “no puedo hablar sobre las causas que provocan la invasión de áreas protegidas (para la siembra de palma de aceite) pues las desconozco. Lo que sí puedo decir es que si en el CONAP recibimos denuncias de invasiones en áreas protegidas esta es verificada y trasladada al Ministerio Público”.

Informe del CONAP sobre el tema:

En 2017 el Consejo Nacional de Áreas Protegidas presentó el informe titulado “Evaluación de los factores causantes del uso de la tierra, causas y agentes de deforestación y degradación de bosques en Guatemala” sobre la situación de las áreas protegidas y la plantación de monocultivos.

En el documento se asegura que las plantaciones de palma de aceite se han extendido en territorios que tradicionalmente eran usados para el desarrollo ganadero. Además, que dichas plantaciones han desplazado a poblaciones indígenas.

“En los últimos diez años la expansión de las corporaciones dedicadas al cultivo de caña de azúcar y palma africana en la región norte de Guatemala han invadido las tierras habitadas históricamente por las poblaciones indígenas Q’eqchies, habiendo desplazado a cientos de familias y comunidades enteras, generando incremento en la pobreza, hambre, desempleo y falta de tierras para su sustento”, puntualiza el escrito.

El informe hace la recomendación al Congreso de la República a que legisle para controlar el crecimiento de los monocultivos como la palma de aceite.

Siembra de palma de aceite en el municipio de Nueva Concepción, Escuintla. Las plantaciones se extienden por decenas de kilómetros a un lado de la carretera. (Fotografías: Artículo 35 / Vox Populi)

El ejemplo del Ecocidio de 2015:

Las áreas protegidas también son afectadas por la contaminación que deja a su paso la palma de aceite. La falta de controles estatales en la producción de esta sustancia vegetal provoca que las empresas contaminen ríos. Un ejemplo, es lo ocurrido en 2015 en el río La Pasión, ubicado en el municipio de Sayaxché del departamento de Petén.

En 150 kilómetros del río murieron peces, reptiles, mamíferos y otras formas de vida que habitaban y se alimentaban del cuerpo de agua. El desbordamiento de las piletas de oxidación de la Reforestadora de Palmas del Petén (REPSA), perteneciente al Grupo HAME, causó la contaminación, según una investigación de la Agencia de Protección Ambiental (EPA) de Estados Unidos, que concluyó que REPSA arrojaba sus desechos más contaminantes al río.

Descarga el Informe EPA sobre el Río La Pasión, aquí.

Este informe es usado por las organizaciones ambientalistas que demandan a la empresa por los daños provocados.

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Retraso en el caso REPSA:

Sin embargo, desde el 2015 a la fecha el caso no ha avanzado penalmente porque el equipo jurídico de Repsa ha presentado acciones legales para retrasar el proceso que después de cinco años continúa impune. Lo que hizo el Estado a través del Ministerio de Ambiente y Recursos Naturales fue imponer multas a la empresa por 15 mil dólares.

Rafael Maldonado, quien fungió como abogado del Centro de Acción Legal, Ambiental y Social de Guatemala (CALAS), organización ambientalista que denunció la contaminación, resaltó que el caso penal contra Repsa es delicado porque tienen mucho poder. “Hubo acoso en contra mía y amenazas con el objetivo de que diera marcha atrás con el proceso penal”, dijo.

Maldonado ejemplifica el poder que a su juicio tiene esta empresa. En septiembre de 2015, la jueza de Delitos Contra el Ambiente de Petén, Carla Hernández, ordenó un cese de operaciones de Repsa para que se investigara más a fondo la contaminación. Sin embargo, la empresa la demandó civilmente por el delito de responsabilidad de funcionarios públicos.

“Acciones como de este tipo tienen detenido el caso contra REPSA. Nunca hubo capturas y el caso se encuentra detenido en la Fiscalía de Delitos contra el Ambiente desde 2015. Esta empresa usó sus argucias legales para empantanar el caso y evitar más investigaciones”, comentó el abogado.

La posición de Grupo Hame:

“Existe una investigación en curso por esos eventos derivado de la denuncia penal presentada por el Ministerio de Ambiente y Recursos Naturales (MARN) ante el Ministerio Público en contra de Reforestadora de Palmas de El Petén, S.A. (REPSA), empresa miembro de Grupo HAME, por los incidentes del mes de abril y junio de 2015 en el Río la Pasión en el Departamento de Petén. El proceso se encuentra aún en fase de investigación a cargo del Ministerio Público, con el cual se ha colaborado sin ninguna restricción para el esclarecimiento de los hechos. Repsa, es respetuosa de la ley y del debido proceso, es el más interesado en que se resuelva esta situación, por lo que estamos anuentes a toda la colaboración que se requiera”, dijo Xiomara Lima gerente de comunicación corporativa del Grupo HAME.

Aura Marina López, jefa de la Fiscalía de Delitos Contra el Medio Ambiente del Ministerio Público, mencionó que en el caso contra Repsa se va a presentar una salida procesal alterna como resarcimiento a las comunidades afectadas porque no se encontró responsabilidad de la empresa aceitera.

“No hay indicios suficientes para procesar penalmente a los propietarios o ejecutivos de la empresa por la contaminación”, dijo López, quien añadió que, pese a que la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos concluyó que REPSA arrojaba sus desechos más contaminantes en el río, su oficina no pudo documentar esa situación en el proceso penal.

Repsa busca “resarcir” por el daño ambiental causado:

El Consejo Nacional de Áreas Protegidas es querellante en el proceso legal contra Repsa. El secretario ejecutivo, Abraham Estrada, respondió que la empresa busca que el sistema judicial les otorgue la opción de dar resarcimiento por el daño causado a las comunidades que dependían de la pesca.

Debido a la magnitud de la contaminación en el río La Pasión, en 2018, la multinacional suiza de alimentos y bebidas Nestlé, anunció la suspensión de las compras de aceite de palma a Repsa porque no quería verse involucrada en actos contra el ambiente.

Según datos de la Gremial de Palmicultores de Guatemala hay 235 productores de palma de aceite. El 12 por ciento (29) son productores que tienen más de 500 hectáreas de siembra, es decir, controlan los cultivos de palma en el país. Detrás de este negocio hay grandes corporaciones y giran alrededor de varias familias en Guatemala.

Daño ambiental provocado por empresas de una sola familia:

La familia Molina Espinoza es la propietaria de los grupos HAME y MEME, fundados por los hermanos Hugo Alberto y Milton Enrique Molina Espinoza. De acuerdo a un estudio realizado por Luis Solano, estas empresas tienen más de 45 mil hectáreas de palma aceitera a nivel nacional distribuidas en los departamentos de Petén, Escuintla, San Marcos y Quetzaltenango.

De acuerdo con datos de la revista de análisis El Observador, el grupo HAME y MEME también tienen presencia en otros países de Centroamérica como Honduras y Nicaragua. Pronostica que el cultivo aumentará debido a la alta demanda del aceite en varios mercados, entre ellos, el mexicano y el holandés.

Tomado del artículo “El conflictivo avance de la palma aceitera en Guatemala”, publicado de Vox Populi.

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