14/12/2014 – El documento final salva la cara a la reunión de Lima pero no convence.

La Cumbre del clima resolvió en una hora lo que se había atascado dos semanas. La sensación es que después de alargar un día extra la reunión se alcanzó un acuerdo la madrugada del domingo porque no había más remedio. El texto final fue el último intento de la presidencia de la 20ª Conferencia de las Partes (COP) de Naciones Unidas sobre Cambio Climático de sacar de la parálisis las negociaciones. Y dio resultado. El documento venció las últimas resistencias y logró salvar la cara de una cita a la que se llegó con las expectativas muy altas y que estaba obligada a no fracasar.

Los países fijaron los requisitos para que todos presenten sus compromisos individuales para luchar contra el calentamiento global ante la ONU antes del 1 de octubre del próximo año. Ese es el camino abierto hacia la cumbre que todo el mundo tiene en mente: París 2015. En Francia se tiene que firmar un nuevo pacto global para sustituir al ya obsoleto Protocolo de Kioto. La presión sobre París es enorme, los científicos han hablado claro y aseguran que si no se empieza a trabajar desde ya en la reducción de emisiones contaminantes el calentamiento global puede crear efectos devastadores en todo el planeta.

Con París en la mira de todos, los avances de esta cita de Lima son relativos. Se llegó a Perú con la idea de que de aquí saldría un borrador del futuro acuerdo. Eso se ha conseguido solo a medias. Existe un texto que compila todas las aspiraciones de los 196 países, pero aún es inmanejable. Las partes están obligadas a seguir trabajando en ello el próximo año para llegar a Francia con algo más concreto. El verdadero escollo de los delegados de los países estos días fue definir cómo y cuándo se tendrán que presentar los compromisos que deberá asumir cada país para contribuir a la lucha común.

El objetivo a largo plazo es evitar que la temperatura del planeta suba más de dos grados, barrera fijada por la ciencia para impedir consecuencias catastróficas. Eso implica trabajar en varios frentes. Hay que frenar la deforestación, aumentar el desarrollo de energías limpias o reducir el uso de combustibles fósiles, pero más allá de las acciones concretas el calentamiento global se ha convertido ya en un tema económico que divide y enfrenta a los países ricos y a los pobres.

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