19/11/2020 – Varias organizaciones en redes sociales han publicado sobre cómo las inundaciones por la llegada de la Tormeta Eta y ahora por la Tormenta Iota, han coincidido con la presencia de plantaciones de palma africana.

En GuateSostenible indigamos al respecto y hace 3 años, una investigación publicada y realizada por el Institut de Ciència i Tecnologia Ambientals de la Universitat Autònoma de Barcelona (ICTA-UAB) establecía que en Guatemala, la expansión de la palma palma africana aumentó en un 600% en la última década. Los científicos alertan que este tipo de cultivos genera consecuencias devastadoras en los suelos, transformando grandes hectáreas de tierras en infértiles y, en algunos casos, inutilizables.

Un monocultivo voraz:

La misma publicación menciona un estudio realizado por la investigadora ICTA-UAB, Sara Mingorría, en el Valle de Polochic, en Guatemala. El mismo pone en evidencia que una de las grandes consecuencias ambientales de estos cultivos es la infertilidad que provocan en los suelos. Según Mingorría, este monocultivo demanda una gran cantidad de nutrientes, y elimina la capa orgánica del suelo.

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Mingorría informó tras análisis comparativos que, tras la producción de distintos tipos de cultivo, se requieren 25 años para lograr que la zona en la que se plantó palma aceitera, vuelva a ser fértil. Esto, debido a que “el suelo queda tan debilitado que por más que se abone, los componentes se pierden y desaparecen, y los suelos de la palma resultan tan fértiles que los suelos de una casa”, comenta Mingorría quien añade que estas plantaciones son conocidas como “desiertos verdes” porque “este tipo de árbol hace mucha sombra, lo que no permite que se forme vegetación a su alrededor. Tres años después de ser plantada, bajo la palma no crece ni vegetación”. A su vez, la intensidad productiva provoca un agotamiento devastador del suelo.

El avance de este monocultivo no es reciente:

Carlos Salvatierra, ambientalista guatemalteco, publicó en el portal de WRM que según el Instituto Nacional de Estadística, para el 2003, 49 fincas se dedicaban a la producción de palma africana. Éstas, con una superficie total de 31,185 hectáreas, generaban más de siete millones de quintales. Esto se destina fundamentalmente a elaboración de aceites esenciales y grasas para la industria alimenticia y de jabones.  

La encuesta agropecuaria 2007 estableció que el número de fincas destinadas a este producto habría aumentado a 1,049 para ese año. La superficie cultivada de palma africana se habría extendido a 65,340 hectáreas. Esto lo que significa que esta última se habría duplicado en los últimos 4 años.  Cálculos contenidos en el informe de Action Aid realizados en junio de 2008, arrojan un total estimado de 83,385 hectáreas plantadas o en proceso de ser plantadas de palma africana y destinadas a la producción de biodiesel.

A la fecha, este monocultivo acecha incluso reservas como Manchón Guamuchal.

Este es un impresionante crecimiento, en contra de la total voluntad popular, como se observó en redes sociales, cuando al principio del 2020 el Presidente Giammattei apoyó esta industria.

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