01/09/2014 – Las embarcaciones reciben 2.500 dólares por evitar colisionar con los cetáceos y de paso disminuir la contaminación ambiental.

Que California es pionera en la protección del medio ambiente no parece dejar ninguna duda con medidas como la que se ha puesto en marcha este verano en la costa del Pacífico. Los barcos son compensados económicamente con 2.500 dólares por reducir su velocidad al entrar en un santuario marino y así evitar no colisionar con estos cetáceos. Es una de las principales causas de la muerte de docenas de ballenas azules, jorobadas y de aleta que, en su periplo migratorio desde aguas del Golfo de México a Alaska, cruzan cada año la costa de California.

La medida comenzó implantándose en el mes de julio en los puertos de Los Ángeles y Long Beach, donde el 90% de las compañías que operan en ambos lugares se han sumado al programa, que consiste en aminorar la velocidad a menos de doce nudos (el equivalente a 22 kilómetros por hora).

Normalmente la velocidad de entrada a los puertos varía entre los doce y dieciocho nudos, un escollo mortal para los cetáceos que no pueden maniobrar con la suficiente rapidez como para esquivarlos. Durante más de quince años ha sido la causa de la muerte de muchas ballenas, una especie a la que se trata de proteger y evitar su extinción como casi estuvo a punto de suceder a finales del siglo XIX y principios del XX, víctimas de la caza masiva.

A principios de 2011 se formó una coalición de grupos medioambientalistas que comenzaron a promover una campaña de concienciación en torno a la necesidad de limitar la velocidad de los barcos a 10 nudos (17 kilómetros por hora) a la entrada de los cuatro santuarios marinos de California (Monterey Bay, Channel Islands, Gulf of the Farallones y Cordell Bank) para salvar a las ballenas. La idea era que la administración federal implantara regulaciones y tomase cartas en el asunto.

Cuatro años después la campaña ha dado su fruto por una vía alternativa, al margen de los cauces oficiales. A los puertos de Los Ángeles y Long Beach, dos de los más transitados del mundo por barcos de carga, se ha unido Santa Bárbara. Hasta finales de de octubre estará vigente el limite voluntario de velocidad de los barcos que, además de proteger a las ballenas supone la reducción de la emisión de gases de efecto invernadero a la atmósfera.

Fuente: El País.

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