11/12/2014 – A pocos días de que finalicen las negociaciones climáticas en Lima en el marco de la COP 20, quedan muchos cabos por atar en el borrador de acuerdo que servirá de base para que el próximo año en París tengamos un marco global vinculante y suficientemente ambicioso que nos prevenga de impactos climáticos catastróficos.

Han pasado 5 años desde el fracaso de Copenhague, donde estaba previsto que los líderes mundiales alcanzaran dicho acuerdo, pero fueron incapaces de llevarlo a cabo. Desde entonces, las negociaciones han sido muy lentas. Pero ahora hay una nueva meta: conseguir un acuerdo global en 2015 que entrará en vigor en 2020.

El clima no entiende de política ni va a su ritmo. Tal como afirma el Quinto Informe del IPCC, el cambio climático ya ha causado impactos en todos los continentes y a lo largo y ancho de los océanos, afectando a la agricultura, la salud humana, el abastecimiento de agua y los medios de vida de las personas. No hay lugar a dudas sobre la urgencia y la magnitud de reducción de emisiones que se necesitan para evitar sobrepasar el umbral de aumento de temperatura por encima de los 2ºC. En concreto, toca reducir las emisiones entre un 40 y un 70% a nivel mundial entre 2010 y 2050 y eliminarlas en 2100.

La transición a una economía con bajas emisiones de carbono es técnicamente viable. Además, disminuir las emisiones presenta numerosos co-beneficios relacionados con la salud humana y los medios de subsistencia, y es imprescindible para lograr el desarrollo sostenible y la erradicación de la pobreza.

Fuente: El País.

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