23/06/2021 – Definitivamente que hemos visto a un perro comunicarse. Ya sea comunicando que quiere salir, que en la calle hay alguien cerca de la puerta o que tú llegaste al hogar más tarde de lo acostumbrado. No se necesita mucho para que los caninos les “hablen” a sus humanos. Un nuevo estudio encontró que la habilidad para comunicarse está presente en cachorros muy jóvenes. Este estudio demostró que se necesita de muy poca (casi nada) experiencia para fomentarla.

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El experimento:

Los investigadores trabajaron con perros de servicio en entrenamiento y encontraron que los cachorros respondían a las personas, devolvían miradas y a menudo encontraban alimentos escondidos, siguiendo una seña con el dedo índice. Todo esto, antes que tuvieran suficiente edad para dejar a su manada.

“Con este estudio, estamos tratando de responder preguntas sobre las bases genéticas y de desarrollo de las asombrosas habilidades de comunicación que vemos en los perros adultos. ¿Vemos las mismas habilidades en los cachorros? ¿Son ellas hereditables? Las respuestas a estas preguntas pueden ayudar a diferenciar entre las distintas explicaciones alternativas de su interacción con nuestra especie,” indica la autora Emily E. Bray, de la Universidad de Arizona.

“Por ejemplo, en el curso de la domesticación, ¿estas habilidades han sobrevivido el proceso y por lo tanto, emergen ahora poco después del nacimiento? ¿O estas habilidades dependen del aprendizaje y las experiencias de los perros durante sus vidas, dado que todos los perros crecen con algún tipo de cercanía al humano?”

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Bray y su equipo han colaborado con la organización de perros de servicio Canine Companions (Compañeros Caninos, en español), durante la última década, para observar a los cachorros que están en entrenamiento.

Para su investigación, era importante muestrear a un número grande de cachorros, todos de la misma edad, antes de que fueran ubicados en un hogar y comenzaran a formar un vínculo con la persona que lo terminaría de criar.

“Era ideal que el muestreo ocurriera antes del entrenamiento, pues queríamos medir sus habilidades espontáneas y tempranas para este tipo de comunicación,” dice Bray.

Era también clave saber cómo estaban relacionados los perros, para así determinar la heredabilidad de estas características. La organización con la que trabajaron contaba con un programa de reproducción y podían llevar el rastro de la relación de los cachorros.

Evaluando a los cachorros a su propio ritmo:

Para la investigación, los cachorros realizaron cuatro tareas distintas: dos midieron su habilidad de seguir una señal de comunicación y dos midieron su tendencia natural de hacer contacto visual con una persona.

En la actividad de señalamiento, se colocaron dos vasos y uno de ellos tenía comida escondida. La persona parte del experimento llamó al cachorro por su nombre e hizo contacto visual con él al señalar con la mano y los ojos el vaso con comida. En la otra actividad, en lugar de señalar, la persona le mostraba un objeto neutral (un trozo de madera, en este caso) y lo colocaba posteriormente cerca del vaso con comida.

“Descubrimos que los cachorros fueron capaces de usar estas señales sociales de forma efectiva, pues escogieron el vaso con comida en casi el 70% de las veces. Esto es significativamente más alto que un mero resultado aleatorio,” dice Bray. “Además, sabemos que los cachorros no usaron sólo sus olfatos para oler el vaso con comida porque, a) hicimos que ambos vasos olieran igual y b), al hacer la misma actividad, pero sin señales sociales, el desempeño de los cachorros fue significativamente menor. En esta actividad sin señales humanas, acertaron la mitad de las veces.”

Para observar la tendencia de los cachorros de hacer contacto visual, una persona observó al cachorro mientras le hablaba en un tono de voz chillona o aguda, que es con el tono en que le hablan los humanos usualmente a los cachorros y/o a los bebés humanos. Se midió cuánto tiempo los cachorros mantenían contacto visual, lo cual fue aproximadamente un quinto de la duración de toda la actividad.

En otra actividad llamada “la tarea sin solución”, se colocó comida en un contenedor por 30 segundos. Durante este tiempo, observaron las estrategias de los cachorros para conseguir la comida. Entre estas estuvieron, interactuar con el contenedor y hacer contacto visual con la persona que los acompañaba. Los cachorros sólo invirtieron aproximadamente 1 segundo viendo a la persona.

“Así que, en grupo, la mayoría de perros poseen las mismas habilidades sociales que los cachorros,” dice Bray.

Los genes sí importan:

Los genes jugaron un papel interesante también. “Lo que fue realmente fascinante es que la variación encontrada podía explicarse con los genes de los perros. Específicamente, un 43% de la variación que observamos en la actividad de señalamiento se debe a factores genéticos. Esta misma variación se observó en la actividad de contacto visual,” comparte Bray.

“Estos números son bastante altos. Tan altos, que son casi iguales al estimado de la heredabilidad de la inteligencia en nuestra propia especie. Todos estos resultados sugieren que los perros están preparados biológicamente para comunicarse con los humanos.”

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