12/09/2021 – Por años, los buzos han reportado ataques inusuales y no provocados de serpientes marinas. Este comportamiento siempre había desconcertado a los científicos, pues las serpientes terrestres siempre habían optado por evitar a los humanos, en lugar de confrontarlos. ¿Por qué sus primas, las serpientes marinas, serían distintas? Ahora, un nuevo estudio publicado en Scientific Reports (Reportes Científicos, en español) la semana pasada, revela que las serpientes marinas no están realmente atacando a los humanos en absoluto.

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“Aparentes ataques en buzos por parte de las serpientes marinas, son de machos que están buscando hembras y confunden a los buzos con una hembra”, dice el autor del estudio y Profesor de Ciencias Biológicas del Departamento de Biología de la Universidad de Macquarie, Rick Shine.

Por qué entender los ataques:

Las serpientes que más se han reportado que “atacan” a los buzos son principalmente las serpientes verde olivo altamente venenosas (Aipysurus laevis). Estas son muy comunes en la costa norte de Australia e islas cercanas, en Oceanía. Su nombre proviene del color verde-amarillo de su piel y que pueden llegar a medir más de dos metros de longitud. Su encuentro puede sorprender y causar miedo a los buzos que se las encuentran.

“Las serpientes nadan directamente a los buzos, a veces enrollando sus colas en las extremidades del buzo e intentando morderlo,” dicen los autores del estudio. Sin embargo, las serpientes no los mordían a menudo, por lo que muy raramente el encuentro fue fatal. Sin embargo, los acercamientos son muy comunes y sobre todo, peligrosos, pues el buzo puede entrar en pánico.”

Los investigadores querían entender estos encuentros por dos razones. Primero, no hacían sentido desde el punto de vista de la serpiente. “Por qué una serpiente en libertad se acercaría a un humano que no la ha amenazado, que es muy grande para ser una presa, e intentaría hacer contacto con él.” Segundo, comprender el motivo del acercamiento le ayudaría a los buzos a responder a ellos mejor.

No son ataques en realidad:

Para investigaar el misterio, los investigadores revisaron los datos obtenidos hace casi 30 años. Como estudiante de doctorado, el autor del estudio Tim Lynch hizo un total de 188 buceos entre mayo de 1994 y julio de 1995, de acuerdo con un estudio y comunicado de Nature (Naturaleza, en español). Durante estos buceos, que duraron aproximadamente 30 minutos, él pudo registrar el número de serpientes marinas que se le aproximaron y apuntó los detalles del encuentro. Cada vez que una serpiente se acercaba, él se iba al fondo del mar y permanecía sin moverse hasta que la serpiente se retiraba.

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Los datos permanecieron sin publicarse hasta que la pandemia del coronavirus le dio a Shine tiempo libre. Analizando la experiencia, los autores del estudio llegaron a la conclusión que era un caso de “confusión de identidad”. Ellos escriben “por ejemplo, un macho activo reproductivamente, generalmente excitado, confunde al buzo con una serpiente de la misma raza (hembra o rival macho)”.

Ellos llegaron a estas conclusiones debido a que:

  • Sexo: Las serpientes macho eran mucho más probable que hicieran el acercamiento al buzo que las hembras.
  • Periodo del acercamiento: La mayoría de los acercamientos ocurrieron durante el periodo de apareamiento de las serpientes. Para las hembras, la temporada no hizo ninguna diferencia.
  • Comportamiento Tres serpientes macho enrollaron sus colas en la aleta del buzo al cual se aproximaron. Este comportamiento es típico de su cortejo antes del apareamiento.

Aunque puede parecer extraño que una serpiente confunda un buzo con una posible pareja serpiente, los autores del estudio insisten que sí es posible. Las serpientes de tierra usualmente localizan a las hembras con la ayuda de las feromonas depositadas en la tierra. Esta ayuda es muy difícil bajo el agua, pues las serpientes no se mueven sobre una serpiente sólida y las feromonas no son solubles en agua.

Además, aunque las serpientes marinas tienen mejor visión que otros animales acuáticos, su visión sí es menor respecto a las serpientes terrestres. La poca luz que ingresa en al profundidad de donde se encuentran también les dificulta encontrar a las hembras. Se ha observado también a algunas tortugas marinas cortejando a la especie equivocada, incluyendo humanos.

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