16/08/2016 – Cuando la jinete holandesa Adelinde Cornelissen llegó al establo en donde estaba su caballo, pocos días después de haber aterrizado ambos en Río de Janeiro para participar en los juegos olímpicos de 2016, descubrió que las cosas no estaban del todo bien. Ella notó que su caballo, Parzival, tenía una parte hinchada de su cara y que había estado pateando el establo. Luego de revisarlo, se dio cuenta que tenía un poco de fiebre, por lo que decidió llevar a varios veterinarios.




“Los veterinarios concluyeron que había sido picado por un insecto o araña o algún animal que le había dejado algunos tóxicos”, escribió en su cuenta de facebook.

“Parzival, quien ganó medalla de plata en la competencia individual y bronce en equipos en Londres 2012, recibía abundante líquido y se le tomaron también rayos X de su quijada. Gradualmente, su temperatura e hinchazón bajaron.”

“Dormí en el establo, revisando el progreso de Parzi cada hora… ¡no lo iba a dejar solo!”

Parzival estaba comiendo y bebiendo normalmente, su apariencia parecía ya la adecuada y la hinchazón había casi regresado a lo normal. Varios veterinarios y el equipo de entrenadores dieron luz verde para que el caballo compitiera. Cornelissen no quería decepcionar al equipo y, dado que no tenía otro caballo qué montar, decidió continuar con la competencia.

Ella lo llevó a la arena, pero no lo sintió muy poderoso.

“Cuando ingresé, sentí que desde ya estaba dando todo de sí y siendo el luchador que es, nunca se rinde.. pero para protegerlo, mejor no competí”, escribió Cornelissen. “Mi compañero, mi amigo, el caballo que lo ha dado todo por mí toda su vida, no merece esto… así que saludé a la audiencia y me retiré de la arena.”

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