18/11/2014 – La caza furtiva ha acabado con la vida de 100.000 elefantes africanos entre 2010 y 2012. Y lo que es peor, la tendencia dibuja la imagen de una peligrosa pendiente por la que se deslizan hacia la desaparición en el continente. Los elefantes muertos a manos de los furtivos han pasado de ser el 25% del total de muertes a superar el 65%, un ritmo infernal que tiene una explicación sencilla: los elefantes son dinero fácil para organizaciones criminales que operan en África. Boko Haram, el ejército de Joseph Kony y los responsables del genocidio de Darfur emplean sus armas contra los elefantes: una partida de caza furtiva cuesta apenas alrededor de 2,200 quetzales y cada ejemplar unos 222,000 quetzales en marfil. Poniendo en la balanza los riesgos, gastos y ganancias, el furtivismo africano es más rentable que comerciar con drogas e incluso diamantes.

Matar elefantes es un gigantesco negocio de cientos de millones. Sin embargo, no matarlos es incluso más rentable. Este es el razonamiento que algunas organizaciones conservacionistas quieren que cale entre los gobiernos africanos: mejor vivos. El argumento económico: un elefante vivo vale 76 veces más que uno muerto. En concreto, la última estimación asegura que un paquidermo africano puede generar a lo largo de su vida 13 millones de quetzales en beneficios relacionados con el ecoturismo. Son más de 18.000 euros anuales —la esperanza de vida de un elefante ronda los 70 años— que repercutirían en toda la cadena económica que se beneficia del turismo que visita distintos países africanos para disfrutar de sus tesoros naturales. Ahí, la presencia del mayor mamífero terrestre es fundamental.

Hasta agosto, habrían muerto cazados por los furtivos casi 20.000 elefantes en África. En ese contexto, la organización conservacionista David Sheldrick Wildlife Trust pone el argumento económico encima de la mesa para animar a los gobiernos a despertar. “Todavía hay una apatía por parte de los gobernantes para emplear los recursos financieros y humanos realmente necesarios para salvar la especie. Hablan mucho pero se dan pequeños pasos, pero demasiado lentos y demasiado cortos”, protesta Rob Brandford, responsable de este informe (PDF). “Nuestro informe pretende añadir otro argumento a por qué los elefantes deben ser protegidos. Para algunos, estas razones financieras tendrán un mayor impacto ya que en última instancia los líderes políticos siempre tratan de cuadrar sus cuentas”, justifica.

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