15/10/2014 – La combinación de estos refrescos con alcohol y su uso por adolescentes son los principales peligros reseñados por investigadores de la OMS.

En los últimos años, las bebidas energéticas han incrementado su popularidad y se utilizan para sobrellevar el cansancio del trabajo diario o las largas noches de fiesta. Según un estudio de 2013 de la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA, de sus siglas en inglés), un 30% de los adultos, de entre 18 y 65 años, un 68% de los adolescentes, de entre 10 y 18 años, y un 18% de los niños, de entre 3 y 10 años, consumen bebidas energéticas al menos una vez al año. Además, un 11% de los consumidores adultos y un 12% de los adolescentes habían consumido más de un litro de este tipo de bebidas en un solo día.

Ahora, un equipo de investigadores que trabaja en la Oficina Regional para Europa de la Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte de que el incremento del consumo de bebidas energéticas puede suponer un problema para la salud pública. Según los autores, una revisión de artículos científicos publicados sobre los efectos del consumo excesivo de este tipo de productos sugiere que “la preocupación de la comunidad científica y del público respecto a los potenciales efectos adversos para la salud de un incremento del consumo de bebidas energéticas es válido en líneas generales”.

Los riesgos para la salud de estos refrescos se deben principalmente a la cafeína que contienen, aunque los responsables de la revisión, publicada en la revista Frontiers in Public Health, afirman que son necesarios más estudios para evaluar los efectos a largo plazo de la combinación con otros ingredientes como la taurina o el guaraná. La sobredosis de cafeína puede provocar, entre otros síntomas, palpitaciones, hipertensión, convulsiones y, en raras ocasiones, muerte. No obstante, es difícil evaluar la parte de estos problemas causados por las bebidas energéticas, ya que estos productos no siempre han tenido su propio código de seguimiento en los centros dedicados a atender intoxicaciones y falta información sobre los efectos adversos de su consumo excesivo.

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