08/11/2014 – El hallazgo de pisadas de 118 millones de años detiene la búsqueda de joyas en Angola.

Un día de diciembre de 2010, al geólogo ruso Vladimir Pervov le cambió el rictus. Rodeado por gigantescos camiones de 100 toneladas de capacidad, se encontraba estudiando los minerales de la cuarta mayor mina de diamantes del mundo, la de Catoca, en Angola. Y en un estrato de tierra de 118 millones de años apareció algo que no era una piedra preciosa: una huella fosilizada perteneciente a un animal que pisó por allí en el Cretácico Inferior, la etapa que sucedió al Jurásico.

“Vladimir se sorprendió por la extraña forma de la huella y me envió unas fotografías por e-mail”, recuerda el paleontólogo portugués Octávio Mateus, descubridor en 2005 del primer dinosaurio hallado en Angola, el Angolatitan adamastor, un bicho de 13 metros de longitud que vivió hace 90 millones de años. Emocionado, el investigador se desplazó inmediatamente en avión a la mina de diamantes a cielo abierto, con una producción de más de seis millones de quilates al año. Una vez allí, en un inmenso agujero similar a un estadio con gradas para espectadores gigantes, Mateus detectó otra huella y otra y otra, hasta llegar a casi 70 pisadas.

Entonces, ocurrió lo inesperado. La Sociedad Minera de Catoca —formada por las empresas mineras Endiama (Angola), Alrosa (Rusia), LLV (China) y Odebrecht (Brasil)— decidió parar la extracción de piedras preciosas en ese sector, de más de 300 metros cuadrados. “Es una historia fantástica. Las minas de diamantes de África no tienen muy buena reputación, es la primera vez que ocurre algo así”, afirma Mateus, de la Universidad Nueva de Lisboa.

Fuente: El País.

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