Por: Laura Calvimontes. Ingeniera en Ambiente y desarrollo, EAP Zamorano

12/03/2021 – El debate actual sobre los mecanismos para combatir el cambio climático gira en torno a una reducción de las emisiones  de CO2, lo más rápido posible, por cualquier medio necesario. Un discurso repetido por los medios de comunicación, políticos y comunidad científica de todo el mundo.

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Después de los 25 años de la convención RIO +20 y a pesar del desarrollo de  la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (UNFCCC siglas en ingles) y de múltiples  iniciativas, esfuerzos y recursos internacionales y globales destinados a la reducción de emisiones globales, los niveles de las emisiones de gases de efecto invernadero continúan en aumento. Como dijo William Nordhaus en 2018:

“El  cambio climático sigue siendo uno de los principales desafíos ambientales internacionales que enfrentan las naciones.  Hasta ahora, las naciones han adoptado políticas mínimas para frenar el cambio climático. Además, no ha habido una  mejora importante en las tendencias de emisiones a partir de los últimos datos”.

El cambio climático es un problema serio que debe abordarse, que representa y representará una cantidad sustancial de problemas, si no se toman las acciones pertinentes. No obstante, sin la inclusión de una base económica sólida para dar forma a esas decisiones, estamos destinados a  seguir avanzando por el camino actual. 

El Consenso de Copenhague y su aporte:

El Consenso de Copenhague (The Copenhagen Consensus), es una organización centrada en encontrar caminos eficaces  para “hacer el mayor bien para la mayoría de las personas”. Con su primera conferencia en 2004, generó un marco de priorización para resolver problemas de escala global. Dentro de su trabajo enfocado a la priorización de las diferentes acciones y planes de inversión internacional y global, para el desarrollo sostenible de las naciones, se generó una evaluación sobre diferentes estrategias y soluciones climáticas para abordar el problema del cambio  climático.

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Un panel de expertos1 clasificó y categorizó una serie de soluciones para determinar aquellas que resultarían en la mayor cantidad de beneficios netos al tener un presupuesto anual de USD 250 mil millones, durante un período de 10 años. A partir de este análisis, encontraron que la peor respuesta al calentamiento global es la reducción de emisiones  a través de impuestos al carbono. Aún menos efectiva fue la estrategia basada en la estrategia “cap and trade”. Esta estrategia representa un limite fijo de emisión y la capacidad de transferir derechos de emisiones por un valor económico.  Mientras que las soluciones más rentables fueron: Investigación en tecnología de gestión de la radiación solar, política diseñada para promover el desarrollo más rápido de tecnología verde y, finalmente, investigación sobre tecnología de almacenamiento de carbono.

El profesor Richard Toll realizó el análisis sobre el momento más efectivo para reducir las emisiones de carbono. Él indicó que debido a la falta de alternativas baratas a los combustibles fósiles, el costo de la reducción temprana de  las emisiones representaría $ 17,8 trillones, mientras que las estrategias contempladas en una reducción lenta a lo largo de un siglo solo costaría $ 2 trillones. Al hacerlo, observaríamos una mayor reducción de la temperatura y del CO2 para 2100.

Inversión poco efectiva:

Para reducir las emisiones de CO2 buscando lograr el límite propuesto de 2 ° C por encima de la era preindustrial, la tasa de impuesto al carbono debería ser 68 dólares americanos. Pero de implementarse, se observaría una pérdida anual de $ 40 billones por año o una reducción del 12% del PIB mundial para 2100. Mientras que las reducciones totales del PIB en 2100 solo serán del 2-3%, si se evitara al implementar una política de este tipo . (Lane, Bickel, Galiana, Green y Bosetti, 2009)2. Esto significa que de adoptar las estrategias propuestas contra el aumento de temperatura (límite de 2 ° C) el PIB mundial vería  una disminución del 2-3% en 2100, en comparación con la disminución del 12%, si las políticas fueran seguidas al pie de  la letra. Este estudio deja ver que en última instancia, estamos cometiendo un gran extravío de los recursos públicos. Financiamiento de políticas y proyectos que representarán costos y daños mucho mayores que los beneficios obtenidos.

En conclusión:

Se asigna poco espacio en el discurso público a la importancia de la priorización en las acciones globales. Especialmente  en lo que respecta a la ciencia del clima, el grado de politización e intervención mediática en la ciencia impide un análisis  crítico de la efectividad y validez de las acciones climáticas propuestas. Especialmente en lo que respecta a la viabilidad  financiera y económica, las propuestas de acción climática más populares son económicamente ineficaces y han tenido poco impacto positivo. Las políticas deben ser evaluadas críticamente, modificando aquellos aspectos que sólo obstaculizan los procesos de configuración de un futuro sostenible. En este punto, tenemos información, metodologías  y recursos disponibles para tomar decisiones informadas que maximizarán el beneficio de las acciones tomadas en el mundo. 

Referencias

1Panel compuesto por Finn E Kydland (Nobel Laureate), Thomas C Schelling (Nobel Laureate), Vernon L Smith (Nobel Laureate), Nancy L Stokey (Frederick Henry Prince Profesor de Servicio Distinguido de Economía en la Universidad de Chicago), y  Jagdish Bhagwati (Pofesor en Columbia University). Reporte completo en: https://www.copenhagenconsensus.com/sites/default/files/cop15_policy_advice.pdf 2Lane, L., Bickel, J. E., Galiana, I., Green, C., & Bosetti, V. (2009). Advice for Policymakers. In FIX THE CLIMATE. https://doi.org/10.1007/978-1-4684-4985-3_12

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